Imagínate que tienes una sesión de fotos pendiente y te invade una mezcla de ilusión y nervios, como cuando vas a un concierto por primera vez con alguien que te mola. Puede emocionarte mucho, o hacer que te sientas un poco fuera de lugar si no sabes qué esperar. Esto pasa igual con una sesión de fotos, y por eso empezar con una idea clara de lo que quieres conseguir es relevante para lograr que todo vaya fluido, sin prisas y sin estrés.
Lo primero es sentarte y pensar en qué tipo de imágenes te gustaría tener. ¿Buscas retratos naturales en exteriores, algo más íntimo en un espacio cerrado o escenas con movimiento, risas y espontaneidad? Si lo tienes claro, te será mucho más fácil elegir el lugar, la hora y la energía que quieres transmitir.
En esta etapa, entender que cada detalle suma te ayuda a sentir que controlas el proceso y no todo te viene de golpe. Piensa en cómo cuando planeas una salida con tus amigos: si primero elegís dónde ir y qué os apetece hacer, el día en sí resulta más divertido y menos caótico. Con una sesión de fotos, pasa igual.
Elegir el momento y el lugar que vayan contigo.
Una vez tengas claro qué tipo de fotos quieres, el siguiente paso es decidir cuándo y dónde. Esto puede parecer sencillo, pero si lo haces con prisa o sin pensar, puedes acabar en un sitio que no te entusiasma o en un momento del día en el que la luz no acompaña. Aquí lo que importa es que la elección encaje con la idea que tienes en la cabeza y con tu ritmo de vida. Por ejemplo, hay lugares que lucen mejor con luz suave de mañana o al atardecer y hay otros en los que la energía del mediodía puede funcionar si buscas colores vivos y contrastes fuertes.
Elegir el momento adecuado también te ayuda a manejar mejor el estrés. Si sabes que al anochecer las fotos van a estar chulas porque la luz es más cálida, puedes planificar tu día para llegar con tiempo, estirar un poco las piernas y respirar antes de empezar. Imagina que vas a una terraza en primavera a las ocho de la tarde: hace buen clima, la luz es agradable y no tienes que pelearte con sombras duras. Eso ayuda a que las fotos salgan naturales y te sientas cómodo con lo que estás haciendo.
Y no tienes que obsesionarte con la perfección del lugar, porque a veces los mejores recuerdos salen de sitios inesperados, como ese banco en una plaza con encanto o un muro de color que viste de fondo sin que nadie lo planeara de forma exagerada. Lo que sí importa es que el lugar y el momento vayan en consonancia con lo que quieres reflejar en las fotos y con tu estado de ánimo el día de la sesión.
Ropa y estilos que cuenten quién eres.
La ropa que eliges para una sesión de fotos tiene más peso del que imaginas. Puede hacer que te sientas cómodo y auténtico, o que estés más pendiente de cómo te ves que de vivir el momento. Lo mejor es pensar en prendas con las que conectes y que te representen bien, como cuando eliges qué ponerte para una noche especial con amigos: quieres sentirte tú mismo, con un toque que te guste, sin que parezca que vas disfrazado.
Por ejemplo, en una sesión familiar en un parque puede funcionar una paleta de colores suaves y tejidos cómodos que se complementen entre sí, evitando estampados demasiado llamativos que distraigan del momento; y si la idea es una sesión en la ciudad con un aire urbano, los tonos neutros y texturas interesantes pueden resaltar tu presencia sin restar naturalidad.
Como bien explica la experta en fotografía Brenda Roque, coordinar los colores y la comodidad de la ropa ayuda a que los gestos y la espontaneidad se reflejen mejor en las fotos, porque todo encaja de forma armoniosa sin que parezca planificado al milímetro.
Pequeñas prácticas para relajarte antes y durante la sesión.
Aunque hayas planificado todo con tiempo, es normal que al acercarse la hora te entre un poco de nervios. Para eso hay pequeños trucos que ayudan a relajarte, como respirar profundamente unos minutos antes de empezar, estirar un poco para soltar tensión en el cuello y los hombros o escuchar una canción que te guste mientras camináis hacia el lugar de la sesión. Esto puede parecer una tontería, pero cuando tu cuerpo está más tranquilo, tu expresión lo refleja y las fotos ganan en naturalidad.
Otra cosa que ayuda es llegar un poco antes a la ubicación. Si vas justo con el tiempo pegado, es fácil que marques prisas en tu postura o mirada, y eso se nota. En cambio, llegar con margen te ayuda a familiarizarte con el entorno, saludar y pensar en cosas agradables, como una anécdota divertida que te hizo sonreír recientemente. El humor, aunque sea ligero, tiene el poder de soltarte y hacer que te olvides de la cámara por momentos, dejando que las imágenes capturen instantes genuinos.
Si te encuentras muy tenso, no pasa nada por decirlo. A veces solo con eso se rompe el hielo y se transforma la energía de la sesión de “esto es un poco raro” a “vale, me lo estoy pasando bien”.
Interactuar con tu entorno y con quienes te acompañan.
Una parte fundamental de que una sesión salga bien es cómo te mueves con el espacio y las personas que están contigo. Si vas con pareja, familia o amigos, jugar con la interacción natural entre vosotros puede generar imágenes que cuentan historias sin que tengáis que pensar en cada gesto. El fotógrafo puede sugerir pequeñas acciones, como caminar juntos, mirar algo que os guste o contaros una broma interna, y esas situaciones ayudan a que lo espontáneo aflore.
Piensa en una tarde de paseo con alguien que quieres y cómo a veces, sin darte cuenta, giras la cabeza para ver algo curioso, te ríes con una chispa que surge sin planear o tomas la mano de la otra persona. Si consigues trasladar esa naturalidad a la sesión, el resultado será mucho más de tu estilo que posados estrictos.
Además, utilizar elementos del entorno puede ser una manera sencilla de enriquecer las fotos sin complicarte. Una sombra bonita en una pared, una flor que te encuentras por el camino, las hojas de un árbol moviéndose con el viento o las luces de una calle tranquila pueden aportar texturas y sensaciones al conjunto.
Ajustar expectativas y aceptar lo inesperado.
Planificar con cuidado es útil, pero siempre hay espacio para lo inesperado, y eso no es malo. Puede que de camino al sitio se te ocurra una foto diferente, o que una nube pase y cambie la luz de forma única. Parte de disfrutar de la sesión consiste en tener una idea base y una dirección, y al mismo tiempo estar abierto a lo que surja en el momento.
Aceptar lo inesperado también te quita peso de encima y te permite fluir con la sesión en lugar de bloquearte si algo no sale exactamente como lo habías imaginado. Si la luz cambia, si alguien camina cerca de donde queríais hacer una foto o si una prenda se arruga un poco, todo eso puede incorporarse de forma creativa.
Cuidar los detalles técnicos sin obsesionarte.
Aunque lo más importante de una sesión es la conexión y la naturalidad, hay aspectos técnicos que conviene tener en mente para que el resultado sea sólido. Por ejemplo, comprobar que las baterías de la cámara o el móvil están cargadas, que tienes espacio suficiente en la tarjeta o que la ropa que has elegido no tiene arrugas visibles bajo la luz que habrá en ese momento. Estas pequeñas acciones evitan parones innecesarios y hacen que la sesión avance con fluidez.
Si trabajas con un profesional, esa persona te puede guiar con ajustes de luz o postura, y tú solo tienes que estar dispuesto a escuchar y probar cosas.
Mantener una actitud positiva y flexible.
Durante toda la sesión, la actitud que lleves será determinante: si te acercas con una mentalidad abierta, relajada y curioso por ver qué surge, eso se refleja en la cámara. Y esto no significa que siempre tengas que estar al máximo de energía, sino que te dejes ser tú mismo y fluir con lo que pasa. Puede haber instantes más tranquilos, otros más animados, y todos son válidos porque forman parte de tu historia visual.
Recuerda que la fotografía es una forma de capturar momentos de tu vida, y como tales, tienen matices.
Con estos pasos claros y una actitud serena, tu sesión de fotos puede convertirse en algo memorable, sin estrés ni prisas, y con imágenes que transmitan mucho más que una simple estética: reflejen momentos vividos con autenticidad y conexión con lo que de verdad quieres recordar.