Una novia extraña

A veces me paro a pensar en lo tontas que se ponen algunas mujeres con las que he trabajado en la organización de la boda. Algunos hombres también pero es que lo de las mujeres se lleva la palma así que quiero lanzar un mensaje desde el blog: sí, chicas, es bueno cuidarse para estar radiantes el día de la boda pero pensad primero en lo más básico y luego hablaremos de la textura de la piel.

La semana pasada tuve, por fin, una de las bodas que más quebraderos de cabeza me han dado desde que me contrataron hace más de seis meses y no ha sido porque fue muy complicada, o muy grande o demasiado glamurosa, sino porque a la novia le pasaba algo, lo juro. Queridos lectores y lectoras, no me juzguéis por criticar, pero es que para que entendáis bien de lo que os hablo tengo que poneros en situación: a esa novia le faltaba un hervor.

Al principio todo parecía bastante normal, tal vez ella un poro retraída, paradita, pero todo normal. Me dieron algunos parámetros en los que basarme para ir organizándolo todo y me comentaron un par de cosas que querían tener en su boda, pero poco más. Lo verdaderamente extraño llegó un par de semanas después cuando la novia me llamó para preguntarme por dónde debía empezar a cuidarse. Por un momento me entraron ganas de contestarle algo así como: no soy esteticista ni trabajo en un centro de belleza pero, un poco por educación, le recomendé un par de sitios a los que ya había mandado a un par de novias antes y habían quedado encantadas, le dije que ellos la asesorarían.

Empezaron las llamadas

Menos de 24 horas después me estaba llamando de nuevo preguntándome que cuándo íbamos a probarse vestidos de novia, y la cosa no quedó ahí porque me pedía quedar para ir a la peluquería, a la prueba de maquillaje, a la manicura, e incluso a un nutricionista para que le llevara una dieta sana y equilibrada que estimulara su piel ¿os lo podéis creer? Esa chica me tomó por una dama de honor en lugar de por una organizadora de eventos.

He tenido parejas que han contratado mi paquete completo de servicios y les he organizado todo, desde el fotógrafo hasta el último detalle de la boda y, aun así, nadie me había pedido hasta ahora que la acompañara a probarse el vestido, le diera consejos, le dijera a que nutricionista ir o qué marcas de bebida comprar para la barra libre.

Estaba a punto del colapso y, aunque le dije un par de verdades en torno a este tema, como la chica tiene falta de conexión neuronal o algo así, no terminaba de entenderlo y se creía con derecho a llamarme a las 12 de la noche para contarme qué tal le había ido la prueba de maquillaje. Impresionante.

¿En serio?

Ahora bien, el colmo de los colmos llegó cuando a tres días de la boda me llama llorando a moco tendido y me dice que lleva doliéndole una muela más de un mes y había estado aguantando el dolor para ahorrar un poco y ahora ya no podía más…. ¡Pero vamos a ver! ¿Llevas seis meses gastándote una pasta en médicos, centros de belleza, productos cosméticos que prometen el oro y el moro y pijadas varias y ahora me dices que no querías gastar un poco más en tu salud bucal? … Definitivamente a la chica le faltaba un hervor. Contacté con la Clínica Caballero de Rodas, de Las Palmas, y con iClinic Lledó Antón, de Alicante, para que pudieran solucionar el problema porque, claro, a tres días de la boda la clínica de Alicante podía atenderla de urgencia pero aquello no iba a sanar por obra de arte de magia y al día siguiente de la boda se iban de luna de miel a Mallorca, a un resort de lujo, así que necesitaban allí también una buena clínica a la que acudir en caso de necesidad.

Me tocó acompañarla a iClinic y cogerle de la mano, en serio, parecía una niña pequeña en un cuerpo de mujer. Es la típica persona que saber que no tiene ningún retraso ni nada pero que le falta algo, que hay algo especial en ella que la hace diferente y muy poco espabilada y, eso no es malo en realidad, pero es que esta además de eso era pesada con ganas y tenía cara que espalda.

Conclusión: cuando el sábado pasado se casaron por fin yo, y mi equipo, descansamos por fin.

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