El secreto para triunfar en un concurso de tapas

Participar en concursos gastronómicos es todo un acontecimiento cualquier bar o restaurante que se precie. Ya sea a nivel local, regional o incluso nacional, el prestigio que otorga el alzarse con el primer premio en un evento de estas características reportará grandes beneficios, como la formación de una buena imagen de nuestro establecimiento o un aumento considerable de la clientela, entre otros.

Sin embargo, conseguir ese reconocimiento no es nada fácil porque, por muy bien que nos desenvolvamos en la cocina, si no contamos con los mejores alimentos no podremos aspirar a ello. Por eso el primer paso es siempre la calidad. Y si a eso le añadimos el ser originales y salirnos un poco de la media de lo que suelen hacer los demás, mejor que mejor. El triunfo será entonces más factible.

Hace un par de años participé por primera vez en el concurso de tapas que se celebra en mi pueblo entre los meses de marzo y abril. He de reconocer que lo hice de manera un tanto precipitada, algo que me impidió elaborar una tapa de primer nivel y que, por tanto, terminó condicionando mi actuación en el concurso, que se redujo a un discreto décimo puesto.

Este evento está muy bien valorado por parte del Ayuntamiento y de la prensa local y comarcal. A pesar de que somos un pueblo pequeño albergamos muchos bares y restaurantes, por lo que la competitividad es muy alta. El ganador adquiere una fama que le permite relanzar su negocio con posterioridad al evento, por lo que tomárnoslo en serio pasaba a ser una obligación. Es por eso por lo que, para la edición del año pasado, tenía pensada una gran revolución.

Caracol, el alimento escogido para competir

Existe un alimento delicioso que en muchas ocasiones no tenemos en consideración a la hora de elaborar nuestros menús, tapas o platos estrella. Se trata del caracol. Desde hacía unos meses estaba pensando en él para competir en el concurso de tapas y sorprender así a mis clientes, que eran quienes se encargaban de otorgar las puntuaciones a cada establecimiento.

Sin embargo, necesitaba encontrar a alguien que me suministrara el caracol. Quería obtener el alimento de parte de una entidad con una buena reputación, que proporcionara solo los mejores productos y que a ser posible lo hiciera a un precio económico. Por eso, cuando conocí Hélix Santa Ana estallé de alegría. Comenzaba a sentir que las posibilidades para ganar el concurso se multiplicaban de manera exponencial.

En Hélix Santa Ana me habían asegurado que sus caracoles habían pasado todas las revisiones sanitarias y de calidad y que, por lo tanto, competirían con garantías en el concurso. Tanto yo como los empleados de mi restaurante estábamos muy ilusionados. Sabíamos que era una gran oportunidad para darle bola a nuestro negocio, algo que en los tiempos que corren nos hacía mucha falta.

Durante tres semanas ofrecimos a nuestros clientes la tapa con el caracol como ingrediente estrella. Según nos comentaban, era una de las más trabajadas, originales y exquisitas, lo que significaba que estábamos haciendo un buen trabajo y que la elección había sido buena. Que fueran los propios clientes los que nos decían esas palabras ya nos satisfacía. Era una especie de pequeña victoria que ya habíamos conseguido.

Digo pequeña porque la gran victoria terminaría llegando en el momento del recuento de votos final. Lo conseguimos. Cuando el Alcalde anunció nuestro primer puesto se vio reconocido, además de nuestro esfuerzo, la confianza ciega que habíamos depositado en nuestra apuesta por un caracol de calidad y de granja.

Casi un año después de aquel triunfo, hemos conseguido aumentar la afluencia de comensales a nuestro restaurante en un 25%, motivo por el cual hemos aumentado la plantilla en tres personas. El caracol de Hélix Santa Ana nos ha otorgado una popularidad que ni soñábamos, y a día de hoy sigue siendo uno de los platos que más nos piden los clientes. Una auténtica bendición.