Los recuerdos, el presente y la fotografía

Actualmente se habla mucho de una corriente del pensamiento que aboga por liberarse de algo muy valioso para la mayoría de los seres humanos, los recuerdos. Probablemente hayas oído hablar sobre que hay que estar en el presente para conseguir la felicidad, pues bien, si nos paramos a pensar sobre esta afirmación tendríamos que dejar de lado un montón de recuerdos por el camino.

Muchos filósofos dicen que en la época actual los seres humanos estamos tendiendo a ver las situaciones de una manera mucho más negativa que hace cien años. Sí, las cosas cambian, pero recordemos que no hace mucho se libro una de las guerras más sangrientas de toda la historia, y aun así el positivismo imperó.

La realidad nos muestra que hoy en día, los seres humanos están sometidos a unos niveles de estrés y tensión diferentes a los de otras épocas. Por ejemplo, en los años cuarenta o cincuenta, si querías comunicarte con Tokio tenías que ir a un sitio que estuviera conectado a un cable transoceánico que llegase a Tokio, esperar a que la otra persona cogiese la llamada, y intentar entenderte con el receptor. Hoy en día esto es impensable, ya que con coger el móvil podemos enviar un mensaje de texto, realizar una llamada o incluso una videollamada, y todo ello en un par de segundos.

Lo que quiero decir es que hoy en día tenemos una situación totalmente diferente a la de hace cincuenta o sesenta años, y que debido a esto la sociedad tiende a ser negativa. Los valores influyen mucho, pero sobre este tema hay muchísimas páginas escritas y lo dejamos para otro momento.

Hoy venimos a hablar de cómo ser positivo y no entrar en contradicción con los recuerdos, ya que los Seres Humanos aprendemos de los errores, y normalmente un error importante lo guardamos inconscientemente, y puede llegar a afectarnos con el desarrollo de traumas posteriores.

La fotografía como ejemplo de que los recuerdos son buenos

Nunca dejará de sorprenderme cuándo entro a casa de mi abuela la cantidad de fotos, en blanco y negro, que tiene por toda la casa. Fácilmente puedes distinguir tres generaciones familiares conforme avanzas por el pasillo. Cuándo pregunto a mi abuela porque conserva todas esas fotos, siempre me dice que es porque le hace feliz recordar los momentos.

Sigmund Froid estudió cómo los estímulos durante la infancia marcan la personalidad de las personas. Y un estímulo negativo e insignificante puede convertirte en un asesino despiadado, o en una buena persona. Estos recuerdos los mantenemos siempre en el subconsciente y nos marcan la manera de pensar.

La corriente de la que hablábamos al principio del artículo, trata de hacernos interiorizar esos pensamientos subconscientes, que normalmente nos amargan la vida. Y para ello, algunas corrientes, tratan de anular a los recuerdos, lo que es algo incoherente. Porque forzarte a olvidar un recuerdo es imposible ya que está en el subconsciente y en tu personalidad.

Circula por Internet una frase que me inspira mucho, “Cuando crees que estás a punto de morir se te pasa toda tu vida en fotogramas, en un instante…” Esta frase me recuerda que los fotogramas de la vida que no recordamos se pierden para siempre, y eso realmente es preocupante, porque de los malos recuerdos siempre puede sacarse algo bueno.

Por eso hay que preocuparse por inmortalizar los máximos recuerdos que se puedan, tanto con nuestras propias cámaras, como con las de profesionales como Abel Rosado, el fotógrafo de bodas de Filmworks, que destaca por ser un apasionado de su trabajo, y por intentar hacer algo único para cada pareja.

En conclusión, vivir el momento es importante para disfrutar de las cosas, pero de todos los recuerdos se guardan lecciones que en algún momento de la vida pueden servirte. Por eso es importante inmortalizar todos los momentos posibles.